No he podido evitarlo, así que finalmente he mordido el disco, pero como el niño que esconde un bizcocho bajo la almohada y lo saborea cada noche, trocito a trocito, así avanzo yo, en pequeñas dosis, escuchando una canción por semana, deseado ritual de cada viernes...
Empecé hace siete días con el "Hoy seremos tan valientes" (qué evocador ese "quién teme el lobo feroz") y hoy, una semana después, tentado por alguien que quizá sí que teme al lobo, he saltado al noveno corte, al euskera susurrado, lamido, relamido y acariciado... Cierro los ojos y me hundo en los aromas del deseo, los colores del sueño, la calidez del vientre...
Leía ayer que el dolor en invierno cae a veces como la nieve. Se ha ido el invierno, y llegáiis vosotros, con la primavera, y escuchándoos se derrite, poco a poco, como si le acercaran una vela, el bloque de hielo en el que vegeto desde hace semanas... Milesker!