Tal día como hoy Jordi mató al dragón. De la sangre brotó una rosa. Y el dragón le regaló un libro.
Si me dejas plantado,
que sea en tu jardín.
Si te olvido alguna vez,
que sea por falta de riego.
Si me corto contigo,
que sólo sea una poda.
Si florezco quiero ser una rosa,
no quiero ser tulipán
y que me uses de mantequilla.
Que yo exhale el oxígeno
que tú respiras,
es una foto síntesis
de una relación antinatura.
Acabo de llegar de la armería. He comprado minas, antipersona y antitanque, y un portaminas para trasladar las ideas más explosivas y volar la imaginación. Debemos elegir bien nuestras armas. Alguien queriendo dotar a las armas de fuego de personalidad propia, llamó ánima al hueco de su cañón. Pero esas armas tienen la misma ánima de un pusilánime, un agujero negro que se traga sus miedos y los vomita sobre la palabra escrita. El ánima de un fusil apunta a las hojas que se resisten al viento. A aquellas que no dejarán al árbol desnudo. Porque cuando se libra un poema, como se libra una batalla, el poema no se hace libro, sino libre.
La casa tiene miedo
y tiembla estremecida
cuando el fuego
de la garganta del dragón
impacta contra el suelo.
Las llamas del infierno
calientan el hogar
en esta noche fría.
Un fusil acobardado apunta
a dos hojas perennes
del árbol de Gernika.
-¿Mamá, quién es este señor
que ha entrado en nuestra casa?
-No te preocupes, hijo,
es un fotógrafo.
-¿Y qué está haciendo mamá?
-Sonríe, hijo,
nos va a sacar una foto.
Gernika, 75 años. No dejemos que lo apostado al rojo (pasión) caiga en negro (olvido).