Alicia en Bilbao

Alicia tiene una novia, se muere en Nanclares. Sus lágrimas tiñen de rojo la Ría. Donde un grupo de niños juegan a las damas hay ratas gordas, peludas como tu padre. La reina bigotuda se dedica con ternura a joder a sus vasallos ¡es Navidad! Llueve, llueve, sigue lloviendo, se oxidan los corazones, se alegran las ranas. ¿Quién diría? es mejor el perfume del triunfo al dolor en tus ojos. Alicia es inocente como una bruja, sortea sin miedo las alcantarillas de esta ciudad. El viejo Sabino toca el culo a Mari Jaia que con cierto desdén se ríe y pasa. Las putas divertidas ocupan la Gran Vía, y los banqueros calientan sus posaderas junto a una vieja estufa en los prostíbulos del Arrabal. Mundo del revés dónde lo hallara. ¡Quién diría? es mejor el perfume del triunfo al dolor en tus ojos. Alicia se desliza curiosa entre calles Salamalikun-Ongi etorri, donde el deseo busca a tientas la realidad, y las sardinas lucen sus pantorrillas. En el pajar de las agujas se ha perdido una caricia, sangra la niña que con insistencia sigue buscando. Van cambiando de piel estas serpientes que mantienen intacto el mismo veneno. ¿Quién diría? es mejor el perfume del triunfo al dolor en tus ojos.