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Doctor Deseo



'que otoño tan bestia, arranca las hojas del calendario'

SUSPIRA … Y CONSPIRA (2002)

Carita de lluvia

Corriendo por calles repletas de nada.

Apenas consigo inventar la distancia

que alivia las penas,

diluya la duda,

en copas de olvido,

milagro imposible,

olvidar tu boca pronunciando adiós,

carita de lluvia, preciosa y dolida,

preciosa y herida te alejas,

te entregas despacio

a los brazos del dolor.

 

Robada de un cuento.

Caída de un cielo.

Sirena de ensueños que canta naufragios.

Ni quise ni pude evitar tus redes.

El peso del tiempo me arrastra hacia el fondo.

Te sigo en un sueño y apenas te rozo,

Carita de lluvia, preciosa y dolida,

preciosa y herida te alejas,

te entregas despacio

a los brazos del dolor.

 

Qué canción tan triste

se arrastra en la noche,

bella y peligrosa,

acordes para un nuevo adiós.

Me aferro a tu cuerpo.

Respiro tus besos,

Y ahora hacia el infierno

tú vas por aquí…

y yo, por allá.

 

Siento que llora el ángel y araña la puta.

El mundo se rompe y sólo consigo,

recomponiendo sobre tu piel,

lujuria de locos,

ternura infinita.

Te sigo en un sueño y apenas te rozo,

carita de lluvia, preciosa y dolida,

preciosa y herida te alejas,

te entregas despacio

a los brazos del dolor.

 

Qué canción tan triste…

 

Suspira … y conspira

La niña que entre sábanas y sueños

juega con caricias,

respira pecados.

Estrella y guionista

de historias prohibidas

con sabor a piel.

 

Con gracia, descaro y picardía

destroza futuros

que no necesita.

Suspira y conspira,

y con la yema de un dedo

hace que pare el mundo.

 

Como una gata perezosa

se estira y respira.

Deshoja una canción,

y un río salvaje

desborda aromas

de noche y sudor.

 

Golosa e indolente saborea

su caramelo

de dulce presente,

y un coro de cometas

estalla y salpica,

danza del placer.

 

No hay

ni tú, ni yo, ni el otro.

Y ahora somos otra cosa

más golosa,

más hermosa.

No hay

más eternidad

que este instante

 

Y ahora somos otra cosa

más golosa,

más hermosa.

 

Que no se me escape nada

La niña de rojo

que dibuja esquinas,

que vende su gracia

por veinte monedas

Se parece a mí.

 

Tarde plañidera

de gris apatía,

vulgar agonía

con anestesia

de televisión.

 

Ese leve gesto

que anuncia tormenta.

Me pongo a cubierto

porque tú, mi cielo,

tiras a matar.

 

El cielo cayó

sobre mi cabeza.

Respiro y aprendo

para que otra vez

lo pueda esquivar.

 

Que no haya injusticia.

Que no sea mía,

ni dolor ajeno,

ni sueño imposible

por el que luchar.

 

Siento que un “no sé”

quema en la garganta.

Imagino puentes.

La noche es eterna,

absurda y cruel.

 

Que no se me escape nada.

Que no pierda un segundo,

aunque éste sea triste.

 

Con cierta torpeza

desnudo los miedos

que pueblan mis sueños,

porque así desnudos

me dejan en paz.

 

Y aquella caricia

que hoy sólo es recuerdo,

un mapa difuso,

memoria que duele,

necesario adiós.

 

La luna lunera (El amor mata)

 

La luna lunera

jugaba a ser farola,

perfilando dos sombras

en el callejón,

que voraces y temblorosas,

se fundieron en una.

Así todo empezó

buscando calor.

 

Y la luna lunera

se murió de envidia.

Pasaron dos años,

y ellos de aburrimiento,

lo que empezó con violines

acabó a cañonazos.

Vámonos a otro sitio,

mi cielo,

donde no nos mate el amor.

 

La luna lunera

bailaba en los tejados,

acariciando sombras

en el callejón,

que voraces y temblorosas,

se fundieron en una.

Así todo empezó

buscando calor.

 

Y la luna lunera

se murió de envidia.

Pasaron dos años,

y ellos de aburrimiento,

lo que empezó con violines

acabó a cañonazos.

Vámonos a otro sitio,

mi cielo,

donde no nos mate el amor

 

En tu casa del olvido

Dijo ella ante la muerte:

ahora que tú vienes,

vieja indeseable,

he aprendido a vivir.

Las cosas más importantes,

con cierta frecuencia,

nos llegan muy tarde,

ya no tienen remedio.

 

Que la vida es jodida

nadie lo duda,

y la parca no tiene

pinta de ser un chollo.

Me aplico a la tarea

de ser un buen equilibrista,

solista en tu orquesta,

virtuoso en tu cuerpo.

 

Si me caigo, aprendo,

si aún respiro, lucho,

me abandono a este segundo.

Y en las largas noches

del invierno vivo

en tu casa del olvido.

Un susurro de abandono

en tu casa del olvido.

 

Hay un tesoro en tus lágrimas

Soñar para poder desear

y correr tras mis deseos.

Aunque hoy el espejo duela más,

y el tiempo es un veneno lento,

veneno lento.

Es la estupidez banda sonora

que hace bailar al mundo.

Aprendo a respirar

bajo las olas de este mar de locos,

mar de locos.

 

Hay un tesoro en tus lágrimas.           

Hay un tesoro en tus lágrimas.

Hay un tesoro en tus lágrimas.

Son semillas de rebelión.

 

Soñar para poder desear

y correr tras mis deseos.

Más allá de las ruinas de esta noche

hay un lugar que sabe a beso,

que sabe a beso.

Dulce como el peligro,

para quien busca y sabe decir que no,

aprendo a deslizarme

sobre las olas de este mar de locos,

mar de locos.

 

Hay un tesoro en tus lágrimas.

Hay un tesoro en tus lágrimas.

Hay un tesoro en tus lágrimas.

Son semillas de rebelión.

 

La química precisa

Hoy digo sí, quiero perderme

en los viciosos ojos de la noche.

La inteligencia de un hábil alquimista,

la dosis justa,

la química precisa.

 

Ausencia de dolor.

Todo sabe tan bien,

y en un instante

cabe un mundo de placer.

 

Sé que mañana

de nuevo diré no,

pero esta noche

que no se acabe nunca, nunca.

 

No hay nada.

No hay nadie

que me pueda parar los pies.

No hay nada.

No hay nadie

que nos frene este viaje contigo.

 

Haces que brille

Lo mejor de mí.

Paso fugaz

Por un cielo sin dios.

 

Fiesta de los sentidos.

Vamos niña al mar

a coger olas,

que mañana quedará

espuma y nada más.

 

No hay nada.

No hay nadie

que me pueda parar los pies.

No hay nada.

No hay nadie

que nos frene este viaje contigo.

 

Huyendo del gris que mata

Una nube de dulce tristeza

vino a enredarse en tus pestañas de amanecer.

Un arco iris perfila tus labios de niña.

Has tatuado en mi piel

tu cuerpo de lluvia y sol.

 

Encierro a mis demonios.

Rezo entre tus piernas, sol de otoño.

Soy un náufrago en tus brazos,

huyendo del gris que mata.

 

Hay lágrimas bailando por las ventanas

de este Bilbao que nunca duerme.

No necesito paraguas si estás conmigo.

Son tus caricias destellos

que alumbran noches sin luna.

 

Encierro a mis demonios.

Rezo entre tus piernas, sol de otoño.

Soy un náufrago en tus brazos,

huyendo del gris que mata.

 

Mientras dura este beso

Esta vieja zorra

que araña en las tripas

me mata un poco.

 

Un día precioso

que pasa a mi lado,

¡ni me saluda!.

 

Busco laberintos

en los que perderme,

y siempre hay monstruos.

 

Y busco los hilos

que a ti me conducen,

mi dulce niña.

 

Trazo mapas con los dedos,

uniendo pecas en tu piel,

y sólo dejo de pensar

mientras dura este beso.

 

Sangra la noche.

Hace que nazca una canción

de mil derrotas.

Me salva un poco.

Y esta copita

mientras hablamos tú y yo,

mi buen amigo, me acerca al cielo.

 

Castillo de naipes

que rozan las nubes.

Un soplo y caen.

 

Así tantos sueños

se ahogan en el barro,

por el camino.


Au revoir, nire maitia (Sonia González Sumendi)

Sirenak daude kalean

beldurra furgoneta kristalean

Bilbotik Algeriara

Esposatuta Mohamed

espaloitik Joseba.


Merkatu zurian sartuta

Hegoalde berotik datozenentzat

ez dago irteera askorik

Zegan, Mohamed?

Bost mila gramo erdia.


Bost mila gramo erdia

Bost mila gau zure ezpainetan

sexu usaina

desioaren ilargia

zure azal beltza

ez dut ahaztuko.


C’est la vie, mon amour,

c’est la vie.

Au revoir, nire maitia.


Hasta la vista, mi amor

Hay sirenas en la calle.

Miedo en el cristal de la furgoneta.

Desde Bilbao a Argelia,

esposado Mohamed.

Desde la acera, Joseba.

 

Metido en el mercado blanco,

no hay muchas salidas

para los que vienen del cálido sur.

¿A cuánto, Mohamed?

Cinco mil, medio gramo.

 

Cinco mil, medio gramo.

Cinco mil noches en tus labios.

Aroma de sexo.

Luna del deseo,

no olvidaré tu piel negra.

 

C’est la vie, mon amour,

c’est la vie.

Au revoir, nire maitia.


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